lunes, 7 de septiembre de 2009

A punto de nieve

Hay días en que una se despierta con la tinta
tan a punto de nieve, que se le congela un poema
en el estómago, y no consigue ni vomitar un verso.
Pero lo necesita, y lo necesita tanto que ensucia
cuatro hojas de un cuaderno, digiriendo vez tras
vez un despropósito. Ansiosamente.

He gastado seis euros en infraestructura: compré
bolígrafo, papel y un refresco. He pensado en corazones,
en rosas de pitiminí, en flores de té, en cutis de terciopelo,
en la reacción de mi piel cuando está cerca. En Romeo y
Julieta, en Don Juan y Doña Inés. En Love Story.

No he llegado a ningún lado. No es que tenga estreñido
el corazón, es que hay palabras que no nacen en la
punta de un bolígrafo, por muy Pilot que sea.

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