Soy una mujer con suerte, seguro. Hace tiempo que una ola me acaricia a diario los pies, y eso no lo tiene todo el mundo. En realidad, durante las últimas semanas parece que la marea andaba algo traviesa, porque apenas si me rozaba la uña del dedo gordo. Pero me ha dicho el mar (que a veces me habla), que esta tarde vuelve. Ya siento el fresquito en los tobillos y los escalofríos en la espalda.
Bienvenida a casa, cariño.
