Hoy ha amanecido el día gris y lluvioso. Precioso. Huele a tierra, a pino, a hierba, a madera mojada, y parece que le han dado una capa de barniz a los árboles. Las luces de coches y semáforos se reflejan en el asfalto como en una paleta de pintor. Los niños caminan hacia el colegio con los paraguas abiertos y botas de agua. En estos tiempos en los que las consolas y la tele parecen ser sus únicos compañeros de juego, es un gustazo ver cómo siguen disfrutando tanto de unas simples botas de agua. Se meten a propósito en cada cada charco, chapotean, ríen, imaginan aventuras. Sus madres, contrariadas, les regañan por manchar los uniformes recién estrenados. Anda que no son aguafiestas las madres.
Esta tarde me voy a comprar unas botas de ésas, voy a impregnar un pincel con los colores del asfalto y me voy a pintar una aventura en el Amazonas. A mí, con la edad que tengo, ya no me va a reñir nadie. Si acaso me mirarán raro.
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Te mirarán raro pero porque estarán muertas de envidia, que lo sé yo, que ya estoy acostumbrada a que me miren raro. ¿Será porque los colores destacan mucho sobre un fondo gris y las risas desentonan entre el ruido de cadenas y bolas arrastrándose?
ResponderEliminarEn todo caso, quiero, a la vuelta, una crónica completa de esa aventura en el Amazonas.
Te quiero, mi vida. No cambies nunca.
:D pero qué tuyo es esto Trini...
ResponderEliminarMe alegra saber de ti. Hacia ya mucho tiempo.
Un beso.