miércoles, 7 de octubre de 2009

Previsible

Las horas pasan lentas esta tarde. Tan lentas como el balanceo de las ramas en los árboles, movidas por la brisa que sopla ahí fuera. Miro el itinerario de tu viaje y me pregunto cómo puede ser tan previsible el placer de viajar. Tan previsible como saber que las hojas caerán, otra vez, este otoño desde el sauce hasta la arena del jardín, planeando hacia abajo. E igualmente agradable. Entonces, miro el reloj y preveo que en una hora y media saldré para casa y ya no oiré el murmullo constante ni el traqueteo de los teclados. Me subiré a mi scooter y me dará el aire en la cara, y me desintoxicaré de operativas y herramientas, y cantaré alguna chorrada. Mañana, según tu itinerario, tú estarás en Varanasi y ya sé qué lugares visitarás. Yo no. Yo estaré donde siempre y pensaré en ti.

La previsibilidad de la vida es, a veces, así de cursi.

1 comentario:

  1. Tan previsible como que los rumores del Ganges no hayan conseguido silenciar ni tu voz, ni tu risa, ni tus palabras en mi oido.

    Te quiero, princesa.

    Muchisimos besos desde Agra.

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